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Relato: El Carnicero I (fragmento)


El Carnicero, de Alina Reyes.

(Fragmento)

Como cada vez que estábamos solos, el carnicero y yo, se iniciaba el juego, nuestro juego, nuestro precioso invento para hacer desaparecer el mundo. El carnicero apoyaba los codos en mi caja cerca de mí. Yo no hacía nada. Me mantenía erguida en mi taburete alto. Sólo escuchaba.

Y sabía que, a pesar mío, él notaba cómo crecía mi deseo al compás de sus palabras, conocía la fascinación que en mí ejercían sus frases dulzonas:

-Apuesto a que tus braguitas ya están húmedas. Te gusta que te hable, ¿eh? Te gustaría gozar sólo con palabras… Tendría que seguir diciéndote cosas todo el tiempo… ¿Ves? si te tocara sería como mis palabras… Por todas partes, suavemente, con la lengua… Te tomaría en mis brazos, haría contigo todo lo que deseara, serías mi muñeca, mi pequeña a quien mimar, y tú quisieras que no se acabara nunca…

El carnicero era alto y gordo, y su piel muy blanca. Mientras hablaba sin parar jadeando ligeramente, su voz se velaba y se deshacía en susurros. Veía cómo su cara se cubría de placas rosadas, sus labios brillaban de humedad y el azul de sus ojos se aclaraba hasta formar una sola mancha pálida y luminosa.

Semiconsciente, me preguntaba si iba a gozar, a arrastrarme con él, si dejaríamos fluir nuestro placer con aquel raudal de palabras; y el mundo era blanco como su delantal, como el escaparate y como la leche de los hombres y de las vacas, como el barrigón del carnicero, bajo el cual se escondía aquello que le inducía a hablar, a hablar junto a mi cuello en cuanto estábamos solos, jóvenes y ardientes como una isla en medio de la carne fría.

-Lo que más me gusta es comerles el conejito a las niñas como tú. ¿Me dejarás hacerlo? Dime, ¿dejarás que te devore? Separaré muy suavemente tus bonitos labios rosas, primero los grandes, luego los pequeños, meteré la punta de la lengua y luego la lengua entera, y te lameré desde el agujero hasta el botón, oh qué lindo botón, te chuparé cariño mío te mojarás, relucirás y no acabarás nunca de gozar en mi boca como lo estás deseando eh te comeré el culo también los pechos los brazos el ombligo y el hueco de la espalda los muslos las piernas las rodillas los dedos de los pies te sentaré encima de mi nariz me ahogaré en tu raja tu cabeza sobre mis cojones mi cola gorda en tu preciosa boca me vaciaré en tu garganta sobre tu vientre sobre tus ojos si lo prefieres las noches son muy largas te tomaré por delante y por detrás gatita mía y no acabaremos nunca nunca…

Ahora cuchicheaba en mi oído, inclinado hacia mí sin tocarme, y ni él ni yo sabíamos ya nada, ni dónde estábamos ni dónde estaba el mundo. Nos hallábamos petrificados por un soplo articulado que brotaba solo, tenía vida propia, un animal desencarnado, justo entre su boca y mi oído.

-Cariño mío, eres realmente una pluma comparada conmigo. Tendré que desnudarte con cuidado para no romperte. Tú también me desnudarás, primero la camisa, después el pantalón. Yo ya estaré erecto, mi colita asomará por el calzoncillo. También me lo quitarás y en seguida tendrás ganas de tocarla, de coger el paquete duro y caliente en tus manos, desearás su jugo y empezarás a menearla y a chuparla y finalmente te la colocarás entre las piernas y, empotrada en mí, galoparás junto a tu placer hasta que ambos nos inundemos oh cariño ya sé que esto fermenta en nosotros desde hace muchos días explotaremos enloqueceremos haremos lo que no hemos hecho nunca y lo pediremos de nuevo, te daré mis cojones y mi rabo y harás lo que quieras con ellos, tu me darás tu conejito y te lo tintaré de esperma y de jugo hasta que tu luna refleje la noche.

~~~~

Un día en que el dueño no estaba, el carnicero y la carnicera se encerraron en la cámara. Al cabo de un momento tuve ganas de abrir la puerta.

Entre las hileras de cadáveres de cordero y de ternera que colgaban abiertos en canal, estaba la carnicera. Se agarraba con ambas manos a dos enormes ganchos de hierro, como quien viaja en metro o en autobús y no quiere perder el equilibrio. La falda arremangada y arrollada en la cintura dejaba al descubierto sus muslos y su vientre blanco con la negra mata que, de perfil, parecía una mancha con relieve. Detrás de ella estaba el carnicero, el pantalón caído a sus pies, el delantal arrollado también en la cintura, las carnes rebosantes. Dejaron de fornicar en cuanto me vieron, pero el carnicero se quedó enganchado en el abundante trasero de la carnicera.

Cada vez que una clienta hacia alusión al frío de la cámara, yo veía de nuevo la escena, la carnicera colgada como una pieza en canal y el carnicero introduciéndole su excrecencia en medio de un bosque de cadáveres.

~~~~

Miré al carnicero, y tuve ganas de él. Sin embargo era feo, con su barrigón enfundado en el delantal manchado de sangre. Pero su carne era deseable.

¿Era el calor de este final de verano, los dos meses lejos de Daniel, o las palabras babosas del carnicero en mi oído? Me encontraba en un estado de excitación apenas soportable. Desnudaba con la mirada a los hombres que entraban en la tienda, los veía en erección y me los metía entre las piernas. A las mujeres que el carnicero y el dueño deseaban, les levantaba la falda, les separaba las piernas y se las ofrecía a ellos. Tenía la cabeza llena de obscenidades y de insultos, el sexo me subía hasta la garganta, sentía ganas de satisfacerme con la mano detrás de la caja pero no hubiera bastado, no hubiera bastado.

Aquella tarde iría a casa del carnicero.


whispering

 

 

El Carnicero
Autora: Alina Reyes
Editorial: Grijalbo
Páginas: 86
Precio: 2.8 Euros
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